Paisaje de Cataluña un 10 de octubre

Subo al tren rumbo a Barcelona. Un joven alto y moreno, de pelo encrespado, le enseña una foto en el móvil a una mujer con la cabeza cubierta con un pañuelo. Llego a ver la foto de dos mujeres, una de ellas también con la cabeza cubierta. En el tren hay poca gente, pero toda con la cabeza gacha y la mirada fija en las pantallas de los teléfonos. En el panorama sonoro solo destaca sobre el run-run del tren la conversación de la pareja en un idioma del que no entiendo nada. Ni siquiera identifico fonemas sueltos.

Me sumerjo en el móvil y de repente me rescata de la abducción una conversación en inglés. La pareja anterior ya no está. Ahora hay dos hombres negros cuyas voces roncas resuenan por todo el vagón. Mi inglés no da para descifrar de qué hablan, por el acento y la velocidad con que encadenan las palabras. Sólo puedo afirmar, por el vestir y el estar, que turistas no son.

Salgo de la estación de Sans camino de mi primer curso de jubilado. Nunca es tarde para aprender algo. Busco una tasca donde comer un menú casero a buen precio. De cuando vivía en Barcelona recuerdo que no debería ser difícil encontrar un bar de gallegos o andaluces con parroquia del barrio. Pero en el camino de Sans a l’Escola Industrial voy descartando uno, dos, tres… Los bares son los de siempre, pero detrás del mostrador siempre hay un chino. Me encanta la comida china, pero aún soy reticente a pedir un potaje o un fricandó en un bazar oriental. Ya se me pasará.

Al final localizo una tasca de toda la vida. Menú de 11€, primero, segundo y postre. El camarero tiene los ojos oscuros y redondos. Le hablo en catalán y me contesta en un castellano neutro. Quizás es aragonés o manchego. Me quedo. Al terminar el primer plato localizo,  detrás de la barra, una joven alta y esvelta. Cuando se gira veo una cara blanca, aporcelanada, de ojos rasgados. Me pregunto quien será el propietario y quien el empleado. No se contestar pero he comido bien y me han atendido mejor. Vista la experiencia, es indiferente quien este en la cocina.

Mientras, en la tele se habla de Cataluña y de independencia. Y se agitan acusaciones etnicistas de identidad y guerra de banderas. Mi experiencia del día me dice que los “catalanes” no existen. Y la estadística dice que mucho más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña, o son inmigrantes o hijos de inmigrantes. No parece buen caldo de cultivo para un nacionalismo radical y excluyente. Entonces, ¿qué bandera simboliza un nacionalismo radical y excluyente?

 

 

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