Cuando Borrell tiene razón

Borrell tiene razón. Los independentistas, soberanistas, nacionalistas catalanes, o como queráis llamarlos, quieren tener un estado surgido desde la nación. Creen que la soberanía reside en la ciudadanía, que debería ejercerla el pueblo, y de ella emanar la organización social y en última instancia el estado y las leyes. Afirman que en caso contrario no hay democracia.

De acuerdo señor Borrell, eso es lo que creen los independentistas y compañía. Y ¿acaso no debería ser así? Borrell asegura que están equivocados. Que es el estado el que construye la nación y que el problema es que España no es un estado moderno consolidado. No ha acabado de “cocinar bien la nación”.

En esto también tiene razón Borrell. Él apuesta por la construcción de la nación española desde el estado dando continuidad a una tradición histórica que remite al antiguo régimen. Se trata de una construcción del estado contra los pueblos. Desde la expulsión de los moriscos, de los judíos, la revuelta de los comuneros de Castilla, la guerra civil catalana, la rebelión de las Alpujarras, la inquisición, la república catalana y la guerra dels segadors pasando por los decretos de Nueva Planta de los Borbones.

El siglo XIX es un continuo conflicto entre el estado y las tendencias liberales y las revueltas populares que emergen de la “nación”. Y cuando parecía posible la democratización del estado con la II República, Franco lideró la reacción esencial de ese estado que “construye” la nación a su imagen y semejanza.

Un estado que mantiene antiguas estructuras sociales y económicas que excluyen a gran parte del pueblo que, para sobrevivir, debe emigrar. Dejar de ser “nación”. Miles de exiliados de la Guerra Civil, millones de emigrantes por necesidad económica, un millón de gallegos en la Argentina, miles de canarios en Venezuela, reparto de mano de obra barata por toda Europa en la postguerra… y masivos desplazamientos internos hacia Catalunya, Euskadi y Madrid.

Así es como el estado de Borrell “construye la nación” en oposición a los independentistas catalanes que pregonan “construir el estado” a partir de la nación, de la soberanía del pueblo y de forma democrática. El dilema no afecta sólo a los catalanes, afecta a todos los pueblos de España y, posiblemente, a toda Europa.

Por ello Borrell, como Ministro de Exteriores de ese estado, no puede aceptar que un periodista extranjero les pregunte por qué el estado no atiende a la voluntad de reforma de la Constitución del 70% de la población. Porqué en su concepción es la nación la que debe atender lo que dice el estado y nunca al reves. Es la ley.

Gracias Joe Brew @ joethebrew

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