“Sijllas”

Els jutges espanyols segons els indis del Perú

“Los “Sijllas” son la ridiculización más aguda y vengativa de la justicia española y republicana. Es el baile de los jueces, de los ajusticiadores. Indios vestidos de capa o levita, con tongo o chistera, y armados de voluminosos pergaminos o libros antiguos y de sendos fuetes o látigos de cuero, y todo viejo y raído. Las capas verdosas, remendadas y harapientas; los hongos y chisteras abollados y huecos, los libros rotosos y mugrientos y solo el látigo verdadero y nuevo. Bailan al compás de una musiquita especial que tocan un arpa, un violín, una mandolina y una quena; todos llevan máscaras, que copian todas las caras españolas imaginables: rostros barbudos, de bigote, patilla y barba larga y canosa; rostros lampiños de expresión idiota; rostros amoratados, de larga y corta nariz sanguínea; rostros ridiculizados por bigotes caídos y una nariz apenas perceptible entre las mejillas; todos rostros que provocan la risa violenta e irresistible de los transeúntes y de los espectadores. Bailan batiendo las alas y mostrando los látigos y los libracos; parecen vampiros enormes y raídos.  Bailan así hasta atrapar algún transeúnte desprevenido; una vez que alguno de los jueces logra aprender a uno de estos “delincuentes” entre todos hacen arrodillar a la víctima, el Juez Mayor le pone el libro sobre la cabeza, hace como que hojea el “código” y señala con el dedo las líneas del libro y canta con voz tonante, severa y gruesa:

Ahora has de ver sijlla

el castigo de Dios sijlla

Ahora has de ver sijlla

tu enorme delito sijlla.

Y los otros jueces también cantan en coro dando vueltas alrededor del ajusticiado, reiterando la misma amenaza; y al pasar junto al reo le van dando de librazos y de latigazos.

Kunanmi yachanki sijlla…

Y los jueces danzan en una ronda grotesca y jubilosa alrededor del “delincuente”; a ratos se paran un instante para examinar el semblante del ajusticiado, y vuelven a bailar de nuevo con más furia. Un Varayok’,  indio verdadero contempla la escena, serio y tranquilo, a alguna distancia de los danzantes.

De esta manera describen los indios a todos los jueces ante quienes tuvieron que presentarse para escuchar las sentencias de despojos, de los encarcelamientos por cuatrerismo y por todos los infinitos delitos que han tenido que juzgar, de los tiempos de la colonia hasta hoy.

Pero la danza de los “sijllas” languidece, porque la “justicia” va cambiando un poco. Y acaso dentro de algunas decenas de años desaparezcan estos jueces astrosos y grotescos de las calles y plazas de los pueblos indios en los días de las festividades máximas.”

José Maria Arguedas, fragment de La fiesta de la cruz, danza de los “sijllas”, a La Prensa, Buenos Aires 15 de juliol de 1941. Recollit a: Señores e indios,  Editorial Calicanto, 1976. Buenos Aires

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